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¿Producir más o ser ambientalmente responsable?

November 1, 2019

 

Ingeniero Químico – M. Sc. en Gestión

de la Innovación y Six Sigma Black Belt

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta ha sido la paradoja durante mucho tiempo. De hecho, todavía persiste. 

 

Los gobiernos presionan al sector productivo para que tenga mejores hábitos con el medio ambiente, las regulaciones son cada vez menos permisivas con los impactos ambientales y la sociedad, conectada en un sistema global que demanda transparencia en todo tipo de procesos, “crucifica” a las organizaciones que contaminan, por lo que las empresas productivas parecen estar acorraladas.

 

Sin embargo, esta paradoja realmente tiene solución, pues no siempre un sello ambiental es sinónimo de costos extras, menor productividad y más restricciones.

 

La verdad es que productividad y medio ambiente van de la mano: un sistema productivo eficiente siempre tendrá un menor impacto negativo en los territorios donde se ejecuta, además, detrás de cada requerimiento ambiental siempre habrá un mejor desempeño financiero, ya que, después de todo, la mayoría de contaminantes que producen este tipo de sistemas suelen ser generados por las mismas materias primas con las que trabajan. 

 

En ese sentido, ¿qué mejor solución para disminuir dichas emisiones que fortalecer el rendimiento y aprovechamiento de cada uno de estos materiales?

 

Si reconocemos la importancia de esta decisión, podremos entender que los desperdicios son múltiples cuando no se tiene en cuenta, puesto que no solo se pierden materias primas y materiales de empaque, también se desperdicia el tiempo, la inversión en inventarios, el talento y la energía; en otras palabras, todo aquello que podría transformarse en valor agregado para la organización. 

 

Las empresas japonesas, por ejemplo, han identificado esta problemática gracias a su famosa cultura de productividad desarrollada en los años 50, denominando tales desperdicios como “Mudas” y enfocando la mayoría de sus esfuerzos para eliminarlas de sus sistemas productivos. 

 

Una buena forma de hacerlo es mantener una filosofía de mejora continua, también conocida como “Kaizen”, el término japonés procedente de las palabras “Kai” (camino) y “Zen” (bien). La receta es simple: si mejoras un 1% cada día, en un año habrás mejorado un 38%. Por el contrario, si tu proceso se deteriora 1% diariamente, al final del año habrás perdido un 97% de tu valor. 

 

El reto entonces es generar el cambio cultural suficiente para ese 1% diario lleve a una mejor productividad y con ella a un mejor desempeño ambiental.

 

 

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